Las comunidades asentadas en la cuenca del río Truandó, en el municipio de Riosucio, vuelven a levantar su voz en medio de la preocupación y el cansancio por las difíciles condiciones que enfrentan a causa de los constantes taponamientos, la sedimentación y el deterioro de este importante afluente, considerado una de las principales vías de comunicación para cientos de familias afrodescendientes e indígenas.
Habitantes de la zona aseguran que cada temporada de lluvias empeora la situación y que hoy navegar por varios sectores del río se ha convertido en una verdadera odisea. Las enormes palizadas arrastradas por la corriente, la pérdida de profundidad del cauce y los desbordamientos mantienen incomunicadas a muchas comunidades y afectan gravemente la vida diaria de sus pobladores.
Las dificultades no solo golpean la movilidad. También afectan la pesca, el transporte de alimentos, el acceso a la salud, la salida de productos agrícolas y el traslado de estudiantes hacia sus centros educativos.

“Auxilio” es la palabra que más repiten hoy campesinos y líderes comunitarios que sienten que, pese a los reiterados llamados, el problema continúa siendo atendido únicamente de manera temporal mientras el deterioro del río sigue avanzando.
La cuenca del Truandó está integrada por 16 comunidades. Entre ellas se encuentran La Nueva, Clavellino, Dos Bocas, Bocas de Taparal, Truandó Medio, Pavas, El Grito, Villa Hermosa, El Limón, Quiparadó Platanillo y Tortugas, además de las comunidades indígenas Jagual, Marcial, Pichinde, Peñas Blancas y Quiparadó.
Las familias de esta zona dependen principalmente de la pesca, la agricultura y el aprovechamiento sostenible del bosque. Sin embargo, el deterioro del río ha venido reduciendo las posibilidades económicas de muchas de estas comunidades.
Los habitantes aseguran que el Truandó lleva décadas acumulando las consecuencias de la tala indiscriminada, el manejo inadecuado de residuos maderables y la falta de intervenciones efectivas que permitan recuperar la navegabilidad del afluente.
La sedimentación y la acumulación de troncos no solo disminuyen el caudal y afectan las especies acuáticas, sino que también provocan inundaciones constantes que terminan destruyendo cultivos y poniendo en riesgo viviendas y animales.
En medio de esta situación, desde nuestro medio también hacemos un llamado a los campesinos y habitantes de la cuenca para evitar la tala indiscriminada de bosques y no arrojar residuos ni material sobrante de madera a las fuentes hídricas, recordando que gran parte de las palizadas que hoy taponan el río terminan formándose por estas prácticas que durante años han afectado el comportamiento natural del afluente.
De igual manera, se conoció que en algunos sectores se realizaron trabajos con maquinaria amarilla por orientación de organismos relacionados con la gestión del riesgo. Sin embargo, campesinos aseguran que estas intervenciones no entregaron los resultados esperados, debido a que varias de las máquinas permanecen dañadas y, según denuncian, hasta el momento no existen respuestas claras sobre la continuidad de esos trabajos ni sobre las soluciones definitivas para enfrentar la emergencia.
En varias ocasiones han sido las mismas comunidades quienes han tenido que organizar jornadas de limpieza utilizando sus propios recursos. Incluso, durante el mes de febrero, líderes comunitarios permanecieron en las instalaciones de la Alcaldía de Riosucio solicitando apoyo urgente para destaponar algunos sectores críticos del río.
Aunque recibieron una ayuda mínima en combustible, los pobladores afirman que el problema requiere soluciones mucho más profundas y permanentes, ya que las emergencias continúan repitiéndose año tras año.
En medio de esta situación, muchos habitantes recuerdan que en 2021 fue realizado un millonario proyecto para intervenir las cuencas del Truandó, Chintadó y Quiparadó. Sin embargo, aseguran que, pese al paso del tiempo y a los recursos invertidos, las dificultades continúan prácticamente iguales y las comunidades siguen esperando cambios reales en sus condiciones de movilidad y calidad de vida.

Hoy, mientras el río continúa llenándose de palizadas y sedimentos, las comunidades insisten en que no quieren más promesas ni soluciones temporales. Lo que reclaman es atención permanente y acciones efectivas que permitan recuperar un afluente del que dependen cientos de familias para sobrevivir.
Información alianza informativa de medios: Notiriosucio..


