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Opinión

El valor de la vida y los sueños de los jóvenes en Quibdó.

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Por: Ali Gómez R.

El ominoso número 901 se ha convertido en un sombrío símbolo que lamentablemente se usa para difundir por redes sociales la pérdida de vidas en nuestra ciudad. Siendo su mayor referencia los jóvenes muertos en medio del violento conflicto urbano que nos aqueja, este número encarna la despersonalización y refleja nuestra costumbre e indiferencia a la muerte.

A mi edad, me cuestiono, y extiendo este interrogante a los jóvenes: ¿Acaso no tienen sueños?, ¿No valoran la vida?, ¿No aman a sus seres queridos ni tienen metas por alcanzar?

En lo personal, con el paso de los años, he aumentado mi fe en el Todopoderoso, mi aprecio y amor por la vida crecen. Aún albergo sueños y metas por cumplir, y siento un amor profundo por familiares, amigos y relacionados que se fortalece con el tiempo. Procuro ser más empático y mejor con mis conciudadanos y la ciudad. Sin embargo, me estremezco al presenciar la trágica pérdida de jóvenes en Quibdó en circunstancias violentas, incluso sin conocer a ninguno personalmente. Como padre y habitante de Quibdó, siento profundo el dolor ante la pérdida de la vida de un joven o adolescente, sin importar su situación.

A los jóvenes de Quibdó les digo:

*No se dejen atrapar por la violencia.

*Su vida es valiosa y tiene un gran potencial.

*Luchen por sus sueños y construyan un futuro mejor para ustedes y para Quibdó.

¡Basta ya! No podemos seguir siendo espectadores pasivos de esta barbarie. Como sociedad, debemos actuar para detener este horror, recuperar nuestra sensibilidad y poner fin a esta fatal indiferencia. Tenemos la responsabilidad de actuar. Debemos unirnos en un solo clamor por la vida, por la paz y por el futuro de nuestra juventud.

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